El sistema científico argentino atraviesa una etapa de fuerte incertidumbre provenientes de los recortes sistemáticos presupuestarios que el actual gobierno nacional viene aplicando hacia esta comunidad profesional.
Marcado por desfinanciamientos de proyectos, recorte de becas y la no renovación de concursos, el reclamo de investigadores y trabajadores se hace visible pero no alcanza y el impacto de esas medidas afecta a distintos organismos vinculados a la ciencia y la tecnología en Argentina.
Tomás Peters tiene 29 años, es licenciado en Biología Molecular y trabaja vinculado al CONICET. Como muchos jóvenes investigadores, considera que el camino de formación que ofrece Argentina es de primer nivel, pero advierte que las condiciones y la situación actual están empujando a muchos profesionales a buscar oportunidades en el exterior.
“Es una lástima que, en vez de formar profesionales y aprovecharlos, la posibilidad ahora sea irse afuera”, sostiene Peters. Según explica, cada vez es más frecuente que personas que terminan sus doctorados decidan abandonar el país en busca de mejores condiciones laborales. “Hoy la gente se recibe con un doctorado y se va del país”, afirma. “Esto no es un gasto, es una inversión para el país”, remarca e informa que la estadística indica que son 7 los científicos que abandonan el país cada día.
Peters destaca, además, el rol de la universidad pública en la formación de profesionales. “La educación universitaria es de primer nivel acá, porque los mismos que se forman son los que después forman a otros”, explica.
Uno de los principales reclamos está relacionado con los salarios. El joven señala que quienes trabajan en el ámbito científico reciben remuneraciones muy inferiores a las que pueden obtener en otros sectores. “Acá los salarios están muy atrasados. Quienes se van al privado cobran cinco o seis veces más”, asegura. A esto se suma una particularidad que los becarios del CONICET tienen, con un régimen de exclusividad que limita la posibilidad de complementar sus ingresos con otras actividades laborales.
Peters conoce también las posibilidades que existen fuera del país. Ha realizado cursos y posgrados en el exterior y considera que esas experiencias permiten ampliar la formación de los investigadores. Otra opción es pasar al ámbito privado, “pero eso es complejo”- dice Tomás-. La diferencia radica, entre otras cuestiones, en los tiempos de investigación. “La industria necesita que vos investigues algo que le dé un rédito económico en un plazo de cinco o diez años como máximo”, señala.
Frente a este escenario, los investigadores buscan también nuevas formas de acercarse a la sociedad, visibilizar sus trabajos y asi compartir sus reclamos. Desde los institutos se impulsan transmisiones y actividades de divulgación, entre ellas un streaming que se realiza el último viernes de cada mes a las 12 del mediodía, a través de las plataformas del instituto en youtube.
Sobre la opinión de la población en general respecto de esta situación, Peters destaca que existe una recepción positiva de parte de la sociedad. “La gente sí escucha y comparte nuestro reclamo”, afirma. Y considera que los científicos tienen mucho para aportar: “Si los medios buscan científicos, van a encontrar, porque a todos nos apasiona y podemos hablar una hora de lo que hacemos”.

