Las inclemencias del tiempo de los últimos meses han azotado fuertemente a casi la mitad de la Provincia de Buenos Aires, también a gran parte de Santa Fe y Córdoba, entre otros sectores del país y afecta principalmente al campo, un motor fundamental para la economía.
“Nos ha tocado un 2017 con muchísimos eventos de lluvia, (…) es el año más llovedor de los últimos 50”, señaló en primera instancia el productor rural de nuestra ciudad, Adrián Favre.
Puede afirmar esta triste realidad por una estadística recogida en sus dos campos – uno ubicado en el límite entre Las Flores y Tapalqué y otro en Las Flores – y sumando las lluvias caídas entre los meses de enero y septiembre. Históricamente, en los dos casos, supera a lo vivido en el año 2002 que fue una época muy lluviosa y en el 80 cuando hubo una importante inundación que es tan recordada por los habitantes.
“La verdad que es muy complicado, veremos cómo sigue la primavera que empieza a aparecer hoy pero hay una situación climática extrema en todo el Partido y en los Partidos de alrededor, que es lo peor”, subrayó.
Pérdidas en lo agrícola
Por otra parte, enumeró que las pérdidas son diferentes porque en algunos casos hay productores que todavía no terminaron de cosechar cultivos de la campaña anterior, que no pudieron hacerlo ni en la primera ni en la segunda cosecha y hoy está prácticamente perdido, sobre todo mucha soja.
Hay otros campos en los que aún les falta levantar maíces y el que no tuvo esas pérdidas en la parte agrícola, lo que está perdiendo para la futura campaña 2017/2018 son los barbechos y ordenes en los potreros para futuras siembras, dado que en una situación normal a fines de septiembre ya se tendría que sembrar el maíz y ahora no se puede sembrar adentro del agua.
Pérdidas en Ganadería
En lo que refiere a ganadería, hay un desgaste enorme de todo el sistema, mucha perdida de pariciones, animales muertos en casos extremos donde no han podido sacarlos a tiempo con el agua, hay engordes muy malos por los pastos aguachentos o por no poder darles comida, hay un uso excesivo de reservas.
En este sentido indicó que en ganadería lo peor es la persona que vive en el campo, que está sufriendo en carne propia esto hace 4 o 5 meses y al que cuesta decirle “vamos para adelante”, algo que particularmente ve cuando va a los campos y tiene que hacer mas de psicólogo que de administrador.
Esta situación genera ademas que las cabezas de ganado no se vendan al precio que corresponde, sino malvenderlos porque no se puede ir a otro campo dado que todos están en las mismas condiciones.
“Cuesta mucho el día a día. No tenemos caminos, la gente no puede llevar a sus hijos a la escuela, tenes un problema de salud y tenes que venir en helicóptero, eso está costando muchísimo, se vuelve a notar y vuelve a dar un poco de sensación de bronca en el que está en el campo porque uno sabe que cuando viene esto, no estamos preparados y la preparación solo serían años de planes y obras lógicas que no tenemos”, reclamó, a lo que agregó que cuando vienen estos momentos es cuando uno se acuerda que no hay planificación y reniega bastante.
Faltan obras
Los productores se sienten protegidos por las gremiales como CARBAP, Sociedad Rural, que siempre intentan, pelean por el sector, a veces con más lógicamente a veces con menos.
Igualmente sobre esto dijo que lo que se nota que aun con esa intención desde hace años, no ven una Argentina pensando estratégicamente, donde el productor pueda tener realmente esa sensación de protección, no solo de la gremial que tiene que defenderlos sino también del Estado.
Resaltó que es ahí cuando “volvemos a hacer agua, uno vuelve a ver obras que, yo estoy desde hace 20 años, se sabía desde el día 1 que había que hacerlo y nunca se hizo”.
Agregó que “eso no es porque la gremial no lo dijo sino porque el Estado en el fondo nunca fue a aplicar su plata en ese esquema; que siempre pasa que cuando aparecen las inundaciones, vuelve a aparecer en los gobiernos la claridad de la necesidad de hacerlo y después se pasa el tiempo, se va el agua y todo se olvida nuevamente por varios años. “Siento que las gremiales intentan pero no logran generar un cambio en los gobernantes, por lo menos en lo que ha pasado, ojala a partir de ahora vaya modificándose”, insistió.
Emergencia agropecuaria ¿si o no?
No se ha declarado la Emergencia Agropecuaria y ese es otro de los grandes temas que está muy mal en la Argentina y en este sistema impositivo, tal lo reseñó Favre.
Recalcó que hablar de exención de impuestos, y solo del impuesto inmobiliario, es muy difícil, casi imposible, porque cuando se firma una planilla como productor o desde la gremial, se siente que se es inconsistente porque hay que hablar de la afectación del 90% – que no se sabe de qué es, si el 90% de agua en tu campo o del resultado económico – y es como que el productor tiene que mentir para que le den eso y aun así muchas veces no se lo dan, lo cobran igual o lo exigen 5 años después.
Cuando se avala el desastre agropecuario si se suele dar el diferimiento, es decir que se permiten que se corra el pago de algunas cuotas aunque tampoco resulta significativo porque la problemática es mucho más grande que el impuesto, se necesita la obra para entrar o salir para sacar la producción, o para tener los medios necesarios para lo que sea.
Otro de los problemas cuando se declara la emergencia y por lo que no se quieren firmar las planillas del desastre, es que resulta muy difícil que los bancos te presten porque como se está en desastre, las entidades no se arriesgan. “La ley está muy mal hecha, no tiene una lógica, no la han vuelto a tratar como para que se haga algo más acorde”, sostuvo.
