El 17 de septiembre fue el Día Mundial del Donante de Médula Ósea, el objetivo es agradecer a los donantes de todo el mundo, así como también crear conciencia entre el público en general sobre la importancia de registrarse como donantes y sobre el impacto que esto conlleva en la vida de los pacientes.
En este contexto, y con la intención de promover y hacer masiva esta iniciativa, en Play Radios conversamos con una florense que en los últimos días realizó una donación de médula en el INCUCAI. No es un tema frecuente y en general no conocemos a alguien que haya sido convocado para tan noble acción debido a lo poco común de este tipo de hechos. Por eso hoy podemos conocer la experiencia de Agustina Martínez Berecochea que es quien tuvo la valentía y la decisión de dar una parte de sí a otro, para salvarle la vida.
“Seis años después de inscribirme en el banco de donantes de médula me llamaron del INCUCAI para decirme que había un paciente de Argentina que había resultado 100 % compatible conmigo y así arrancó todo”, comienza contando. Desde allí pasaron dos meses de estudios, análisis, exámenes físicos, hasta el día de la extracción de las células madres para el trasplante al paciente receptor.
“Van pasando distintas etapas, vas hablando con diferentes personas, te aclaran todas las dudas, y eso es muy importante, siempre estás muy acompañado por el INCUCAI en todo el proceso”, explicó Agustina. Además cuenta que en cualquier momento del proceso, uno puede arrepentirse, pero desde el primer día ella tuvo un sí, “cuando todos los análisis dieron bien, pusimos fecha para el trasplante –siguió- . Y existen dos métodos de donación, una es punción en médula, y el otro se llama periférica que es la que hice yo, pero eso lo deciden los médicos porque eligen qué método es el más conveniente de acuerdo a la necesidad del paciente”. En este último caso se colocan una serie de inyecciones unos días antes, que hacen que desprenda la médula. Y al momento de la donación, “te sacan sangre de un brazo, va a una máquina que procesa y saca las células y vuelve a entrar por otra manguerita, estando todo el tiempo controlada”. Es un proceso que dura aproximadamente 4 hs. según nos informa Agustina. “En mi caso, duró un poco menos y la recolección fue bastante exitosa por lo que la doctora me dijo que había muchas posibilidades de recuperación del paciente”.
Según el protocolo, ni el donante ni el paciente pueden saber la identidad uno del otro. “En cuanto a resultados, se tarda tres meses en saber si fue fructífera o no la donación, y en un año recién podemos -si queremos ambas partes- conocernos”, manifestó.
Agustina cuenta que además, y con su experiencia, quiere crear conciencia en la población, “Yo no creo que haya mayor satisfacción de saber que uno le pudo hacer bien a otro que quizá no tenía otra posibilidad. Y es importante saber que en nuestro hospital se puede ir a hacer la donación, que es un centro habilitado. Y así podemos hacer un registro mucho más amplio y que haya un montón de gente, ya que hay un donante compatible cada 400 mil”, aseguró.
Luego de ponerle voluntad pero sobre todo el cuerpo para este hecho solidario, de ayudar sin pedir nada a cambio por el solo hecho de hacer el bien, con satisfacción y convencimiento, Agustina Martínez Berecochea insiste en la importancia de dar a conocer el tema y sumar gente a que sea parte del banco de médula ósea.
La donación de médula se rige por la solidaridad internacional. La búsqueda mundial garantiza a todos los pacientes las mismas posibilidades de encontrar un donante.

