Hoy nos despertábamos con la noticia que César Dantas nos dejaba físicamente y con él se apaga una época de apasionados por la radio, de esos que la llevan en la sangre, de los que prenden el micrófono y encienden la atención de los que están del otro lado.
César no hablaba a una audiencia: le hablaba a cada uno. Nos regaló su voz, su tiempo, su oído atento, su estilo particular y, detrás de una imagen fuerte, su corazón generoso. Siempre tenía la palabra justa, la acción indicada y la intervención necesaria ante quien sea para responder cualquier necesidad. Y lo hizo sin pedir nada. Nunca esperó el vuelto. Dio porque eso era él: entrega pura, amor por la radio y por su gente.
No estaba al aire desde hace mucho tiempo, pero igualmente hoy el dial suena más vacío, su legado queda en cada estudio, en cada locutor y periodista que aprendió de él, en cada oyente que se sintió acompañado.
Gracias, César. Por tanto.
Que donde estés haya una consola, un micrófono y una audiencia infinita esperándote.

