HUGO MANUEL SALABERRY – OBISPO DE LA DIÓCESIS DE AZUL
«Estamos en una situación dura, áspera, conflictiva que genera más desunión».
Las declaraciones del Obispo de nuestra Diócesis repercutieron a nivel nacional.
El Obispo Salaberry hizo declaraciones a medios provinciales de alcance nacional, aquí una extracción de lo publicado por La Tecla Info.
-¿Cómo calificaría la situación social y económica que atraviesa la provincia y el país?
-Es extremadamente dura la situación que estamos viviendo. Porque la política de importar productos para bajar precios ya la hemos vivido unas cuantas veces en las últimas décadas; creo que ocho o diez veces.
Una de las industrias más afectadas siempre es la textil: si se prefieren telas sintéticas a hilo finísimo y natural que se produce en el país por ganancias efímeras que además dejan sin trabajo a mucha gente, no estamos bien. Así podríamos mencionar varias, pero una de las industrias más afectadas es la textil.
Otro rubro que no ayuda a la situación es la construcción. La construcción admite mano de obra no especializada y mueve alrededor de veinte industrias. Es decir, integra un amplio abanico de personas y genera un movimiento industrial enorme que incluye a la obra pública.
Frente a las importaciones como herramienta para bajar los precios, los empresarios pueden tener otros recursos, pero para la mayoría de nuestra gente, el patrimonio es su trabajo. Si no tiene trabajo pierde el patrimonio. Y ahora además le robamos la riqueza que tienen los más pobres que son los hijos con esa ley inicua del aborto, porque aunque sea legal, es un crimen. Y también de lesa humanidad porque la víctima es inocente e indefensa.
Entonces, afectado el patrimonio que es el trabajo y la riqueza que para mucha de nuestra gente son los hijos, estamos en una situación dura, áspera, conflictiva que genera más desunión.
El trabajo –de producción, dependiente y con horario- ordena la familia y con los hijos nace la esperanza.
-¿Se incrementó la ayuda social?
-Nosotros no tenemos estadísticas; tenemos un termómetro que dice que, cuando la gente empieza a venir cada vez más a tu puerta, el asunto no está bien.
-¿Crece la búsqueda espiritual, de la palabra, de un mensaje de aliento pastoral?
-Si no tuviéramos una fe y una esperanza ciertas en que podemos caminar hacia una forma de convivir mejor, no me animaría a hablar. Es algo que creo y, además, lo defiendo con mi vida. Hay una forma de convivencia -humana, básica, política, social y por supuesto religiosa- en la que cada uno de nuestros ciudadanos debe contar con lo necesario para un desarrollo personal, familiar y comunitario. Que pueda, y podamos, vivir en armonía con gente que no piensa lo mismo, pero que va en la misma dirección.
-¿Qué mensaje brindaría a la población en estas Pascuas, teniendo en cuenta el contexto?
-Lo religioso es lo que puede poner un manto de unidad. Vamos a pedir con todas nuestras fuerzas en primer lugar, que el Señor en su infinita Providencia nos dé, en estos días -más penitenciales y de recogimiento-, la gracia de reconocer aquello que hacemos a veces por negligencia o descuido y que daña a la comunidad.
Lo segundo que pedimos es que la gente que menos recursos tiene, o que no está bien, pueda pasar esta Semana Santa, -misterio central de nuestra fe católica y apostólica- lo mejor posible.
Y que, como país, nos animemos a caminar unidos y también a ayudar a muchas otras familias y a otros países, porque podemos y estamos dispuestos a hacerlo. Todo eso, pedido pía y humildemente al Señor muerto y resucitado en estas fiestas pascuales.

