VACACIONES DE VERANO: podremos viajar o en casa?

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¿Habrá temporada de verano? ¿Cómo serán los protocolos? ¿Qué hará todo la estructura comercial, gastrónomica, hotelera y recreativa de la costa bonaerense si no hay vacaciones? Las preguntas surgen en forma permanente en los municipios de la costa atlántica donde suelen veranear millones de argentinos cada año. En esta oportunidad se enfrentan al desafío de preparar una temporada de verano en el medio de una pandemia. Porque el coronavirus seguirá circulando en los primeros meses de verano y la vacuna aún seguirá siendo una esperanza.

El gobierno nacional y el de la provincia de Buenos Aires tienen la decisión tomada de armar, promover y apoyar la realización de la temporada de verano en todo el país, y especialmente, en la costa. Los intendentes de ciudades balnearias no se imaginan el verano sin temporada. Hay una razón clave. Si no hay vacaciones, se verán comprometidos los ingresos de los municipios y la cadena de comercios y actividades que viven gracias al turismo. Las tres patas políticas coinciden en hay que trabajar en el armado de la temporada aunque hoy la realidad sea otra.

A Mar del Plata, en la última temporada, ingresaron 3,5 millones de personas. En el municipio de Pinamar, que abarca a Valeria del Mar, Cariló y Ostende, un número similar. Cerca de 3 millones. En Miramar, donde viven 35 mil personas, en tres meses pasaron 300 mil. Un mundo de gente que se desplaza de un lado a otro. Una acción que hoy es difícil de imaginar pero que está dibujada en los borradores de la política. La temporada se diseña en paralelo a la crisis sanitaria, pero los datos epidemiológicos serán los que finalmente determinen si se hace realidad o no.

¿Qué es lo único que puede frenar la temporada? Que la situación en diciembre sea la misma que la actual. Es decir, que la provincia esté en un promedio diario de 5000 casos y que el sistema de salud esté permanentemente exigido. Si eso sucede, no hay temporada de verano.

Hay algunas ciudades balnearias, como es el caso de Villa Gesell, que ya hicieron público un protocolo para las playas. Van a implementar un sistema que les permita a los turistas verificar que playas están llenas y cuáles tienen lugar. Personal municipal va a controlar los ingresos y también pondrán banderas que señalen la capacidad de las playas. Bandera verde, hay lugar. Bandera roja, no hay lugar. Lo mismo sucederá con una App que implementaron y que los turistas la podrán descargar en su celular. Allí van ver el nivel de ocupación y tendrán la posibilidad de decidir si quieren elegir un lugar donde haya menos gente.

Además, van a poner carteles a 100 metros de la playa para que vean el nivel de saturación y retenes en la zona de acceso de las playas céntricas para que el personal también informe el nivel de gente que hay. Es decir, una serie de avisos escalonados para que los turistas no pisen la arena y se sientan es riesgo frente a la cantidad de personas que pueda haber.

En Pinamar le quitan dramatismo a la situación. Dicen que la gente debe comportarse mejor que ahora. Que la palabra protocolo asusta pero que la base de ese comportamiento son la distancia social, el uso de barbijos y la higiene. Si se cumple, no deberían existir problemas. Además, esperan que el gobierno bonaerense colabore con todos los municipios de la Costa y aporte fondos para aumentar la infraestructura sanitaria o que mande terapias móviles para estar más cubiertos en el área sanitaria.

En Miramar quieren dar un primer paso en el corto plazo. Consiste en dejar ingresar a las personas que tienen una casa en la ciudad pero viven en otro lugar. Están estudiándolo y es posible que, de no mediar inconvenientes, lo hagan antes de que termine septiembre. “Estamos adaptando los protocolos generales de Nación y provincia de acuerdo a la realidad que tenemos. Gracias a las temporadas de verano podemos administrar el funcionamiento del distrito durante el resto del año”, indicó el intendente local Sebastián Lanuantoni.

En Mar del Plata aún están diseñando el protocolo en los balnearios. Hay algunas definiciones que ya tienen. Habrá un límite de gente por sombrilla y por carpa. Podrían ser 4 personas. Pero aún no está cerrado. Las sombrillas estarán a 4 metros de distancia unas de otras, los vestuarios estarán restringidos y los paradores tendrán que permitir menos gente en sus mesas. Uno de los problemas lo ven en el control de ingresos. Creen que será muy difícil poder controlar la gente que ingrese a las playas públicas. No tienen forma de hacerlo. (Fuente: Infobae)

EN FIN… todo es incertidumbre y con el sólo pasar del tiempo se podrá ir dilucidando si las vacaciones las podremos disfrutar en lugares de veraneo o en casa.

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