«En primera persona»: Luz Chatelain, florense a bordo de un vuelo a China de Aerolíneas Argentinas

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Luz Marina Chatelain es Comisario de a Bordo de Aerolíneas Argentinas, es florense y fue parte de uno de las tripulaciones que viajó a China a buscar insumos médicos para abastecer al país ante la pandemia del coronavirus.

En un contacto exclusivo con Play Radios y “En primera persona” narró cómo se desarrolló esta experiencia y el orgullo que significó hacerlo.

Como parte de un grupo de voluntarios que están haciendo vuelos de repatriación, tuvo la alegría de ser convocada para hacer uno de estos vuelos tan especiales.

“Para mí, que hace 36 años que vuelo y tengo la empresa en el corazón, es un orgullo que la empresa esté cumpliendo con su función de línea área de bandera así que ha sido una experiencia inolvidable para todos”, expresó.

A esto agregó que fue muy conmovedor para todos porque sintieron que estaban todos cumpliendo con un mismo objetivo, incluso sin importar el cansancio que producen tantas horas de viaje.

Luz fue la única mujer del grupo y viajó junto a 20 hombres. Eran tres tripulaciones completas de pilotos, cuatro comandantes y ocho copilotos. Uno de los comandantes, Martin Hughes fue el jefe de toda la operación.

Ademas de un jefe de cabina, un auxiliar y la mujer, también estuvieron a bordo cuatro operarios de mantenimiento, un despachante operativo y un despachante de cargas.

El vuelo a Oakland, Nueva Zelanda, duró 16 horas y ahí fue donde se reaprovisionaron de combustible. Este vuelo fue más largo de lo que solía ser cuando iban como vuelo regular, a través del vuelo transpolar era más corto. Esto fue sobre el océano Pacifico y sobre islas todo el tiempo por eso fue más largo.

Estuvieron una hora aprovisionando el avión y luego siguieron 12 horas hasta Shanghái. En esa ciudad estuvieron casi seis horas con la carga.

En este lugar debieron bajar con unos kits COVID (similares a un traje de astronautas), cubiertos totalmente con antiparras, cubre zapatos, cubre cabeza, barbijos.

En la bodega refrigerante trajeron tests (no conoce si los tests rápidos o de otro tipo) y a bordo trajeron barbijos quirúrgicos N95, overoles para personal médico, guantes y más material.

Fue el vuelo que más cargado vino, con dos mil kilos más que los tres anteriores.

El vuelo tiene una serie de protocolos que se deben observar muy cuidadosamente. Se fumiga el avión antes de cerrar puertas con unos aerosoles especiales que manda Nueva Zelanda. Luego, al comenzar el descenso en Oakland también, otra fumigación diferente.

“Estábamos todos muy comprometidos con seguir el protocolo que se debía seguir, con mucha responsabilidad”, remarcó.

Realmente para ella, como comentó, fue inolvidable y tantas horas de vuelo, tanto cansancio no importó porque estaban convencidos que ese granito mínimo de arena que estaban aportando es para que tantas personas puedan superar el virus ademas de ayudar al personal médico en su tarea incansable y eso es reconfortante. “Estoy muy agradecida de haber tenido la oportunidad de  hacerlo y lo guardo en mi corazón para siempre”.

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