Los libros de Bioy Casares y Silvina Ocampo ya forman parte de la Biblioteca Nacional

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Alrededor de 17 mil libros pertenecientes a la biblioteca de este matrimonio de escritores ya forma parte del patrimonio argentino. Fueron donados por un grupo de empresas y fundaciones. Los ejemplares están siendo estudiados y clasificados, para luego poder ser consultados. El director, Alberto Manguel, aseguró que representan su “inteligencia unida”.

Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo fueron mucho más que una pareja que culminó, luego de más de 50 años de romance, con la muerte de la escritora nacida en 1993 tras un tortuoso Alzheimer. Fueron mucho más que una máquina romántica de producir libros. Mucho más que un matrimonio extenso, cómplice, que tuvo una hija, Marta, fallecida días después que Silvina, a los 39 años. Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo fueron una sociedad que leyó como pocos han leído en este país. Su gran biblioteca lo prueba. Más de 17 mil ejemplares que ahora, por donación de una serie de empresas y fundaciones, pertenecen a la Biblioteca Nacional, es decir, pertenecen a todos los argentinos.

Ese fue el motivo de la conferencia de prensa que se realizó este martes al mediodía en el gran edificio en forma de T sobre la Avenida Las Heras, en el tercer piso, Sala Juan L. Ortiz: anunciar que esos libros ya están siendo clasificados y estudiados. El encargado de abrir la reunión fue el director de la Biblioteca, Alberto Manguel, agradeciendo a los donantes, subrayando el aporte que, con este gesto, le estaban realizando a la cultura argentina, y aseguró que esa infinita pila de libros representaba “la inteligencia unida de estas dos personas, Bioy y Silvina, lectores por excelencia”. A su lado el ministro de Cultura de la Nación Pablo Avelluto asintió con entusiasmo y agregó que se trata de “un paso enorme hacia el trabajo de la Biblioteca Nacional como la principal formadora de lectores”.

En las más de 300 cajas donde se guardaban los libros estaban contenidas las lecturas, además de las de este matrimonio, también las de los padres de Bioy —Adolfo Bioy Domecq y Martha Casares Lynch— y algunas de Jorge Luis Borges, su gran amigo. “Es la última gran biblioteca de autores que quedaba”, dijo Germán Álvarez que, al igual que Laura Rosato —también presente allí—, es investigador, director del Centro de Estudios y Documentación Jorge Luis Borges y autor del libro Borges, libros y lecturas.

“Toda biblioteca es una autobiografía de su dueño”, comentó Ernesto Montequín, quien ha cuidado durante años estos 17 mil libros. Allí había un ejemplar del Finnegan’s Wake de Joyce que tenía anotados distintos juegos humorísticos de Borges y Bioy. “Se pasaban la lapicera, hacían juegos de palabras, se divertían”, comentó Montequín y aseguró que “en esos libros están los proyectos de los libros que no hicieron, porque ellos estaban todo el tiempo pensando proyectos, charlando en la sobremesa. De repente Borges se paraba, tomaba un libro y anotaba cosas. Eso está en estos libros.”

También está la primera publicación de Silvina Ocampo, Viaje olvidado de 1937, lleno de anotaciones. “Es un libro muy poético que ella siempre renegó. Tiene tantas cosas escritas que de ahí se puede sacar un libro nuevo. Acá son libros, no sólo leídos, también vividos; se nota en sus marcas”, explicó.  Por su parte, Manguel contó que todo este material pronto va a estar disponible en la antigua Biblioteca Nacional, en el edificio de la calle México —allí estuvo Borges cuando fue director entre 1955 y 1973— y que las expectativas son enormes: “Falta un largo proceso de estudio. En el 80% de las cajas no sabemos lo que hay, así que falta mucho por descubrir todavía”.

Con la curiosidad del lector que es, Avelluto tomó el micrófono y le preguntó a los especialistas sobre el orden de estos libros, teniendo en cuenta que cada biblioteca es única, como cada lector. Entonces ellos comentaron que el orden tenía que ver con lenguas y países y que la cantidad de publicaciones era tan grande que “los libros forraban todas las paredes”. Ernesto Montequín  agregó que “la generación de Bioy y Ocampo es la primera generación que leía en inglés como lengua de la cultura y no como lengua del comercio”. En ese sentido, la influencia de Inglaterra y Francia —comentaron— es ineludible. “El año que viene empezamos la puesta en valor de aquel emblemático edificio”, agregó Avelluto.

Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo fueron mucho más que una pareja enamorada, que una máquina de producir literatura, que un fragmento clave de la historia de nuestras vanguardias artísticas. Fueron también grandes lectores. Su biblioteca ya es parte de nuestro patrimonio, del país, del mundo.

Fuente: InfoBae

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