Carta de un estudiante florense sobre Messi

0
1526

Voy a tomar el atrevimiento, y seguro caiga en un error, de hacer una analogía entre mi vida y el fútbol. No soy escritor, ni mucho menos, y eso quedará totalmente expuesto a medida que avance el recorrido por estas líneas. Pido disculpas por mis fallas en la escritura pero tengo la necesidad de expresar lo que siento en este momento.

Hubo una época en mi vida, y seguramente coincida con la de muchos, en la que todo se vivía con una intensidad impresionante; lo más simple era de por sí alucinante. Reinaba la honradez, la inocencia. La única premisa era: disfrutar. Y a eso se resumía la tarea. Me estoy refiriendo a la infancia.

Luego, sobrevino otra etapa, en la cual todo era rutinario, ordinario. De vez en cuando aparecía alguna persona, o algún momento que rompía con esa monotonía, pero no era más que algo efímero, casi instantáneamente todo volvía a la normalidad, el más pesado aburrimiento se adueñaba de la escena (excluyendo aquí las grandes personas que siempre estuvieron y se supone que seguirán haciéndolo). Muchas cosas valiosas carecían de sentido o directamente ni se las considera de esa forma; pues existe un momento en la vida de los seres humanos en el que esto ocurre con una gran frecuencia. Se acrecienta en el camino que discurre y delimita el final de la niñez con el principio de la adolescencia.

En el fútbol, sostengo, ocurrió algo parecido. Aparecía un gran jugador, un gol memorable, algún partido épico que acaparaba la atención del Mundo futbolero, pero ese júbilo no duraba más que un santiamén.

Con el tiempo, acercándose aún más a la adultez, las cosas cobran un giro, toman otra entidad; se las valora de otra forma, recuperan un poco su sentido; uno las vive con otra intensidad, aunque, muchas veces las responsabilidades, obligaciones, o la rutina misma nos privan apreciarlas al máximo, y otras tantas, no nos permiten ni siquiera percibirlas. Y en cierto sentido, aunque por diferentes motivos, en esto se asemejan bastante las últimas dos etapas descritas.

Existió una era en la que el fútbol era amateur, en la que lo más preciado era la pelota, disfrutar en torno a ella. Acariciarla. Colmarla de placer. Lo único importante era penetrar la infranqueable defensa que un arquero imponía sobre un rectángulo formado por caños de acero, para así finalmente, inflar una red que expone formas cuadradas, con una esfera de cuero rellena de aire. El GOL.
Con el tiempo, el fútbol se fue profesionalizando. El reglamento pasó a ocupar el lugar más preponderante. El fútbol se se fue volviendo adolescente, incluso adulto. El Señor FIFA decidió regularizar el fútbol. Disciplinarlo. Cortarle de raíz ese espíritu risueño. La pelota comenzó a sentirse triste. La pelota y el gol, los tesoros que tuvo el fútbol, quedaron indefensos a merced de un reglamento que se adueñó de todo. Y esta especie de subordinación en torno a las leyes es algo inadmisible, algo que no se puede ni debe perdonar.

Pero mi vida y el fútbol coinciden en algo aún más importante, más allá del placer que genera en mí el hecho de practicarlo y mirarlo. Existe un punto en el cual convergen estas dos líneas que parecían correr en paralelo. Y a ese punto, se lo llama Lionel Messi.

El fútbol y yo fuimos privilegiados en coincidir con Lionel Messi.

Lionel Messi señores/as, coincidió con estas últimas etapas de mi vida.
Lionel Messi señores/as es una de esas personas que cambian tu vida; para siempre.
Lionel Messi señores/as es quien te hace disfrutar todos los fines de semana viéndolo dentro de una cancha, quien te hace disfrutar de ver una Selección Argentina por la que, desde hacía mucho tiempo, se había perdido bastante interés.

El fútbol cambió, y mucho, en los últimos años. Se encuentra en esa conflictiva etapa entre la adolescencia insolente, a veces revolucionaria, pero generalmente desganada, y la adultez responsable, centrada, que de vez en cuando se toma un tiempo para valorar lo que pasa a su alrededor pero que, con una excesiva mayor reincidencia, se encuentra ocupada en “cosas más importantes”.

Lo que plantea mi hipótesis, para ir cerrando, es que Lionel Messi es el único responsable de que el fútbol, aunque se encuentre en un estado de transición entre adolescente/adulto, desentendido y responsable, revolucionario y disciplinado, siga disfrutando, y haya recuperado la inocencia y la persistente felicidad de ese niño que una vez fui.

Juan Cruz Rubino

23 años, oriundo de Las Flores; Estudiante de Psicología en La Plata

No hay comentarios

Dejar respuesta